jueves, 23 de julio de 2009

Teoría 4: Historia del arte

ARTE PALEOCRISTIANO: El llamado Arte paleocristiano es un estilo artístico que tuvo su desarrollo durante los primeros cinco siglos de nuestra era. Su aparición se produjo con el advenimiento del cristianismo, antes incluso de su llegada a Roma y se prolongó hasta la caída del Imperio Romano de Occidente (476), debida a la llegada de los godos y otros pueblos bárbaros a la Europa Occidental. Este estilo tuvo en Oriente tiene su continuación en el arte bizantino.
En esos casi quinientos años de permanencia, el Arte Cristiano sufrió múltiples cambios y una incesante evolución.
Algunos historiadores del arte lo conciben como una variante del arte romano tardío, al que el cristianismo le incorporó un nuevo espíritu al integrarle una simbología propia.
Roma era en esa época el corazón del mundo Occidental. Es por eso que en esta ciudad fue donde mayormente se manifiestan las expresiones artísticas de los primitivos cristianos y es por ello que reciben una poderosa influencia del arte romano.
El arte paleocristiano se puede dividir en dos etapas: la primera, oculta y temerosa, y la segunda, posterior al año 313 en el que Constantino promulga el Edicto de Milán, decretando la libertad religiosa. Por medio de este edicto los cristianos adquirieron el derecho de manifestar públicamente sus convicciones religiosas y de esa manera el arte paleocristiano logró su máximo desarrollo y esplendor.
ARTE OTOMANO: Uno de los grandes imperios musulmanes fue el otomano, fundado a finales del siglo XIll por Osmán (1300-1306), también conocido como Utmán I, y que con el gran sultán Solimán el Magnífico (1495-1566) alcanzó su máximo esplendor cultural. La gloria del Imperio otomano, que se inició con la trascendental toma de Constantinopla por Mehmet II en 1452, culminó con Solimán el Magnífico cuando éste logró apoderarse de Hungría en 1526 tras su magnífica victoria sobre Luis II.
En el periodo del sultanato de Solimán el Magnífico, el imperio se extendió lo máximo y se acercó a la extensión del imperio bizantino en la época brillante del emperador Justiniano. La época otomana es de una gran riqueza en arquitectura. Su máximo representante será el prolífico y genial arquitecto Sinán, que realizará sus fabulosas construcciones durante la edad de oro del arte otomano. Solamente tuvo oportunidad de construir una mezquita en su nombre a los 30 años de su subida al trono, aunque fuera tarde, mandó construir una de las mezquitas más espectaculares de Estambul.
Estos avances hacia Occidente (tanto en el Mediterráneo como en Europa central) continuaron hasta la muerte de Solimán, que le sorprendió durante una nueva campaña en Hungría; el temor con que fue visto en los reinos cristianos este renacimiento del expansionismo musulmán explica la contraofensiva lanzada por el Papado, Venecia y la Monarquía Hispana, que condujo a la batalla de Lepanto (1571). Los turcos recuerdan a Solimán como un gran legislador (autor del código general conocido como Kanuname), poeta y constructor de edificios y obras públicas (convirtió Estambul en la ciudad más grande y monumental de Europa en el siglo XVI).
Solimán, fue un guerrero que llevó a sus pueblos los beneficios de la paz - la llamada Pax Ottomanica -, que construyó puentes y caminos por los que circulaban las caravanas, desarrolló oficios y extendió el comercio; por último, implantó algunos servicios sociales, lo que permite decir que fue el primer Estado Benefactor. Además, pese al aumento de las poblaciones, hizo posible que judíos, musulmanes y cristianos, vivieran en paz.
ARTE DEL RENACIMIENTO: El Renacimiento expresa un movimiento y una época donde se retorna al estudio e imitación de la literatura, arte y filosofía de la antigüedad clásica griega y romana En pintura la renovación hacia lo clásico se realiza por medio del estudio del natural y de la aplicación de las leyes de la perspectiva, únicamente este arte recibe la influencia greco-romana a través de la arquitectura y la escultura.
Los cimientos de la renovación son varios, el eje más atrayente es el Humanismo orientado hacia el papel central del hombre y sus actos. La anatomía del hombre fue objeto de un minucioso estudio por parte de científicos, que dibujaban ordenadamente sus descubrimientos, involucrándose con frecuencia el rol del científico con el del pintor. Un pintor convenía de tener profundos conocimientos de teología, historia y mitología para estar autorizado en la representación de la historia que debería de narrar, el tornar a concentrarse en lo humano no es una dejadez de lo divino, por el contrario, lo divino es percibido desde la perspectiva humana para conferirlo de mayor significación: Dios trata de concebirse evidente a la razón humana, en vez de limitarlo a la impresión de la fe. Para una conveniente representación de la historia y de los personajes el pintor debería de laborar terceras ramas del saber: para los seres humanos, sé artículo anatomía y fisiología, también hubieron de estudiar mitología, lenguas clásicas y teología para representar dignamente, las escenas, los vestidos y los ambientes. La conquista de la tercera dimensión es fortalecida al colocar las figuras sobre un paisaje o en un interior, así tanto el propio volumen de la figura establece la profundidad, como también el hecho de moverse en un espacio aéreo a su alrededor. La mayor parte de la producción artística siguió consagrada al tópico religioso, con tres propósitos fundamentales: acrecentar la garantía de la predicación, lograr la emoción del fiel y conservar el dogma por medio de las imágenes. No obstante se introduce con ímpetu la pintura profana; por un lado germina el retrato representando a los mecenas de los pintores o a efigies representativas del saber, tanto moderno como antiguo; por otro la invasión del neoplatonismo florentino con representaciones paganas que se reajustan al cristianismo. La razón se recupera apoyándose en la reintroducción de la sabiduría clásica: los textos de la antigüedad que se atesoraban se traducen. Se inicia con vigor la pompa del retrato, se introducen mitologías, usualmente con trasfondo religioso e incluso misterioso, es el caso de la obra de Botticelli, EL TRIUNFO DE LA PRIMAVERA.
Es esta etapa cuando los artistas principian en firmar sus obras, sus antecedentes biográficos son recogidos por los entendidos en arte, y sus teorías pictóricas están impregnadas de gran elaboración intelectual. El renacimiento se organiza en dos hemisferios, el Quattrocento o siglo XV y el Cinquecento o siglo XVI
En el Renacimiento, sus integrantes se autodenominan como hombres del Renacimiento, e inauguradores de una nueva Edad, la Edad Moderna, por oposición a la Edad Media, lazo de transición entre la grandiosidad de la Antigüedad clásica y su propia época.
Características del Renacimiento en los siglos XV y XVI: El comienzo del Renacimiento Italiano suele datarse hacia el año 1420, el Renacimiento florentino es considerado por algunos historiadores del arte como un retomar la época de esplendor del Trecento temprano, en el cual se destacó Giotto por su naturalismo, donde según Vasari la renovación del arte se realiza por la imitación de la naturaleza que para él es lo mismo que el retorno de aquel (Giotto) a los maestros de la antigüedad.

La pintura del Renacimiento se data en Masaccio (1401-1428). La arquitectura en el florentino Filippo Brunelleschi (1377-1446) y la escultura en Donatello (1386-1466)
En la pintura renacentista Masaccio manifiesta el naturalismo de las representaciones figurativas y escénicas y el ilusionismo espacial logrado por la perspectiva central con que crea sus imágenes.

Otra característica del Renacimiento en Italia es el surgimiento del individualismo, el hombre se reconoce como individuo espiritual y como indicio de la creciente conciencia de si mismos que cobran los hombres del siglo XVI, toma reanimación, la pintura de retratos donde príncipes , nobles y miembros del alto clero se hacen retratar y también miembros de la burguesía como los comerciantes, los banqueros, artesanos y eruditos humanistas e inclusive los artistas que lograron ganarse el reconocimiento de la sociedad y gozar de sus privilegios.

ARTE HIPANO-AMERICANO: es un arte de síntesis, original y genuino, uniendo la experiencia española con la americana. La influencia española domina y se impone a la cultura autóctona, pero influirá a su vez en un segundo momento.
Arte hispanoamericano = transcultura europea + cultura autóctona indígena.
El arte hispanoamericano es el fruto de la unión de ambas culturas y de la nueva sociedad, fruto de la nueva situación. Por eso se demanda un arte propio, útil a las circunstancias propias americanas. Es importante la influencia de la diversidad geográfica.
América recibe diversas influencias de Europa y Oriente, que es aceptado o rechazado pero siempre reinterpretado. No es una experiencia lineal paralela a lo producido en España, por tanto no siempre se puede hablar de obras anacrónicas)
El arte no es anormal, sino el sincronismo de la sociedad que lo produce.
Será en las islas de las Antillas donde se produzca el primer impacto entre las dos culturas: la española y la americana nativa.
Santo Domingo es la ciudad donde mejor se transfiere la cultura española, debido a la inexistencia de una cultura aborigen fuerte, por lo que resulta más fácil la imposición.

NEOCLASICISMO: la arquitectura, la escultura y la pintura defines del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX se convirtieron en importantes testimonios del pensamiento de la Revolución Francesa y de la época napoleónica.
En los años previos al estallido de la Revolución Francesa se inició en Francia el Neoclasicismo. Esta corriente estilística reaccionó frente a las formas monumentales y fastuosas del Barroco y del Rococó para centrarse en formas más simples y armoniosas.
El nuevo estilo buscó en los modelos del Renacimiento y de la antigüedad clásica su fuente de inspiración. El descubrimiento y posterior excavación de las minas de las ciudades italianas de Pompeya y Herculano, sepultadas por una erupción del volcán Vesuvio en el año 79 d.C., favorecieron el interés por el arte grecorromano. La investigación arqueológica en el suelo griego y la isla de Sicilia también permitió descubrir obras clásicas.
Estos hallazgos despertaron un considerable entusiasmo entre los hombres de la Ilustración, quienes valoraron especialmente la armonía y el equilibrio del arte antiguo. Para estos pensadores, el arte debía tener un fin didáctico y moral. Según Diderot, el arte debía “hacer la virtud atrayente, el vicio odioso y el ridículo claoroso”. Por su parte, la ideología de la Revolución Francesa.
Encontró su medio de expresión y propaganda en las formas características de Grecia y especialmente de Roma. Con Napoleón Bonaparte, el estilo neoclásico halló una nueva vía de afirmación al servir de soporte a su concepción del poder centralizado, que se manifestó a través de la figura imperial.
El estilo neoclásico excedió el marco de la arquitectura, la pintura y la escultura e influyó en el mobiliario, la cerámica y los tejidos.
Jacques Louis David (1784-1825) fue el pintor neoclásico por excelencia y el más admirado de su tiempo. Como los pensadores de la Ilustración, él también creía que el arte podía revelar con facilidad verdades a las que la razón llegaba con mayor esfuerzo. Comprometido con la Revolución. David consideraba que sus pinturas debían contener una enseñanza, expresada de manera clara y sobria. Más tarde, se convirtió en el primer pintor de Napoleón y retrató los momentos más importantes de su carrera militar y política. Tras la caída de Napoleón, abandonó Francia y se exilió en Bruselas, donde murió.
POST-IMPRESIONISMO: el impresionismo, con su afán por captar la luz del natural, había ido disolviendo las formas en su ambiente y todos los elementos del cuadro habían ido perdiendo volumen, dibujo y sentido del espacio. En los últimos años del XIX y principios del XX nos encontramos con unos pintores que partiendo del impresionismo, derivan hacia una pintura personal que anuncian algunos de los movimientos pictóricos más importantes del siglo XX. El postimpresionismo supone entre otras cosas una recuperación de la importancia del dibujo y de la preocupación por captar no sólo la luz sino también la expresividad de las cosas y de las personas iluminadas. Su trascendencia para la evolución del arte es, si cabe, mayor que la de los pintores impresionistas.

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